Plagas, Enfermedades y Primeros Auxilios para tu Bonsái

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Los libros de Harry Harrington, ya en español, por el traductor de bonsai4me.es

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La mayoría de especies de arbustos y árboles comúnmente usados para su cultivo como bonsáis raramente sucumben a las enfermedades si son atendidos cuidadosamente y se les proporciona el entorno adecuado para su crecimiento. Mi experiencia me dice que el 95% o más de los árboles que se ven afectados por enfermedades o plagas tienen también un mal estado de salud previo. Escasez o exceso de riego, escasez o exceso de abono, pobres condiciones de crecimiento (incluyendo sustratos pobres y compactados), mala situación del bonsái, todas ellas causan estrés a un árbol, haciéndolo más susceptible a infestaciones de plagas y enfermedades. Las plagas puede parecer que atacan a los árboles al azar ¡hasta que aprendes cuáles son más propensos a infectarse!
A la vez que los árboles sanos y vigorosos son menos propensos a ser atacados, también serán más capaces de enfrentarse mejor a plagas y enfermedades. Árboles con pobre salud o árboles bajo condiciones de cultivo estresantes se verán más afectados por cualquier ataque externo a sus debilitadas defensas.
Precauciones como el rociado regular con insecticidas sistémicos y fungicidas pueden ser útiles y se debe confiar en ellas: los tratamientos sistémicos funcionan al ser pulverizados en el follaje, el cual incorpora el tratamiento a la corriente de savia de la planta donde será distribuída a lo largo de toda la planta. Los ataques de hongos o bichos son repelidos cuando entran en contacto con la planta y se enfrentan a la savia tratada.
En cualquier caso, los tratamientos sistémicos no son efectivos al 100% y el fumigado regular puede resultar caro y medioambientalmente perjudicial. Además su uso muy repetido también reduce la efectividad de los tratamientos al crear resistencias. En mi opinión, es mucho mejor usar insecticidas sistémicos o fungicidas en los árboles que ya sabemos que van a sufrir problemas en determinadas épocas del año.

PRIMEROS AUXILIOS En primer lugar, intenta identificar qué le ha pasado a tu árbol. ¿Ha perdido follaje? ¿Alguna de las hojas tiene decoloración o agujeros? Examina de cerca el árbol y su follaje, busca cualquier evidencia de plagas en el propio árbol, en la superficie del sustrato o en la zona alrededor de la maceta.
En segundo lugar, una vez que (esperemos) la plaga o enfermedad ha sido identificada y tratada es importante averigüar si hay algún modo de que se pueda evitar que se repita en el futuro. Algunos problemas como las orugas y los pulgones son difíciles de evitar, pero debes ser capaz de anticipar qué árboles de tu colección son los más propensos a ser atacados.

AMARILLEADO/CAÍDA DE HOJAS Hay sólo 3 caminos por los que un árbol sano con un follaje sano pierda súbitamente las hojas o tenga hojas que de repente se sequen y crujan (en sólo 2 o 3 días):
Congelación: una especie tropical o subtropical expuesta a una helada.
Veneno: el bonsái ha sido expuesto a algún elemento químico venenoso, ya sea en el sustrato o en el aire (directamente en el follaje). Aunque es muy raro, no sería desconocido que un árbol se viera severamente afectado si accidentalmente queda expuesto a pulverizaciones de herbicida, por ejemplo.
La falta de riego es, de lejos, la razón más común de una rápida muerte de las hojas de un follaje sano. Una vez no queda humedad en el sustrato del bonsái, las hojas mueren en horas. ¿Se dejó secar el sustrato completamente? ¿Se regó lo suficientemente a fondo la última vez? ¿Estaba el sustrato seco aunque parecía mojado porque nebulizaste el árbol y la superficie del sustrato? Situaciones menos extremas de falta de riego también pueden llevar al amarilleamiento de las hojas (ver más abajo). El amarilleado y/o caída de follaje puede suceder por otras razones:
La clorósis está causada por una deficiencia mineral, la falta de magnesio, manganeso o hierro. Por lo normal sólo afecta a especies amantes de sustratos ácidos como las azaleas. Administra un fertilizante líquido que contenga trazas de elementos minerales, fácilmente localizable en cualquier centro de jardinería. Las especies acidófilas como las azaleas pueden (y deben) abonarse de forma regular con Miracid o equivalente, que contiene hierro de absorción rápida.
El amarchitamiento y amarilleado de las hojas casi siempre acaba con su muerte y caída del árbol a menos que la causa sea la clorósis. El amarchitamiento de grandes zonas del árbol puede ocurrir cuando éste ha sufrido algún trauma por alguna razón, y su respuesta a ello es la caída de cualquier follaje que no sea necesario para su supervivencia. La causa es a menudo debida a daños en el sistema radicular por pudrición por exceso de riego o porque las raíces se han secado por la falta del mismo. Algunas especies (en especial las variedades tropicales de interior) también pueden estresarse al mover al árbol a un lugar diferente, y perderán follaje por ello (ver los apartados sobre pudrición y falta de riego).
Pérdida natural: algunos árboles como la Pyracantha y el Ulmus desarrollarán nuevo crecimiento desde las axilas de las hojas y entonces descartarán de forma natural la hoja ahora redundante: comprueba si el nuevo crecimiento aparece desde el punto de pérdida de hojas. Los árboles perennes tienen periodos al año durante los cuales tiran viejo follaje que es reemplazado por otro nuevo: si las hojas amarillean y caen de las zonas viejas del interior, éste probablemente sea el caso. Sin embargo, para constatar que este crecimiento es reemplazado, asegúrate de que la luz y la energía llegan a las zonas viejas e interiores del árbol podando el crecimiento apical. De forma similar, variedades caducas que se han dejado sin podar tirarán el crecimiento interior a expensas de uno nuevo en los finales de las ramas.

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